Cazadora furtiva de la belleza

Por Mónica Suárez

1.- Según tengo entendido eres profesora investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional. Licenciada en Psicología social, maestra y doctora en Pedagogía por la UNAM. Por lo cual has escrito muchos ensayos e investigaciones académicas ¿En qué momento te sentiste atraída por la literatura como creadora de ficción?

R.- No sé si me considere creadora de ficción, en realidad la escritura no académica, no epistolar fue mucho antes de ser todo eso que acabas de decir. Pero la escritura de ficción empezó cuando escribí los primeros cuentos para un libro de texto, para niños de nueve años, sobre el concepto de la ley, no quería que un niño de nueve años entendiera jurídica, filosóficamente el concepto; sino qué tiene que ver con su vida, con la vida de todos, y eso sólo era posible explicarlo con un cuento donde hubiera un dilema o un conflicto. 

2.- ¿Crees que tomar la palabra pasando por la literatura y la poesía es un modo de accionar en el imaginario colectivo?

R.- Absolutamente, creo que todo lo que hacemos y decimos los humanos tiene una dimensión ética y una dimensión política. Porque no estamos solos; nos hemos creído el cuento del individuo autónomo: estamos enfermos de autonomía. Se nos olvida que, solos estamos destinados a perecer. Entonces claro que nuestras palabras y nuestros actos tienen consecuencias para los demás. Es que siempre fuimos comunidad en el origen; sino no habría ni lenguaje, ni cultura, y menos habría pensamiento.

3.- ¿Tienes algunos otros vínculos con la creación artística en otras áreas además de la literatura?

R.- Soy una diletante, en el sentido de que me apasiona la música, y si es posible de las culturas casi olvidadas como la de los armenios, por ejemplo, su música es bellísima. Me considero más bien, una especie de cazadora furtiva de la belleza, en la música por lo menos; pero no. Me hubiera gustado tocar un instrumento, cantar: sí cantaba en el coro de la escuela y era muy feliz cantando. Bailo algo de flamenco, poco: quisiera poder bailarlo más.

4.- ¿Sientes que te han marcado obras escritas por mujeres?

R.- No particularmente. Estoy pensando, quizás un poco Virginia Woolf, y te diría, no en mi práctica de escritura, sino en mi condición de mujer. Woolf tal vez me ayudó a autorizarme, a darme a mí misma un lugar para encontrar mi propia voz, que aún no encuentro: no sé si existe algo así como encontrar la propia voz o es algo que una va inventando, en la búsqueda por nombrar lo más parecido al sentir, pensar. Alguien que tal vez me marcó en la poesía es Emily Dickinson, y lo que me abrió, por supuesto que no pretendo escribir como ella ni por asomo; pero me abrió aún más a una sensibilidad frente a la belleza en los detalles mínimos, en el instante, en lo minúsculo dónde pueden caber universos, y puede caber toda la luz del mundo en un rayo que atraviesa, por ejemplo, una hoja o un pétalo. 

5.- Entonces escribes prosa, escribes cuento y escribes poesía.

R.- En realidad, lo mío, era ponerle palabras a esa otra dimensión que no tiene que ver con la fundamentación, ni con el querer convencer a nadie de nada. Tiene que ver con el azoro, con lo que perturba, con lo que puedes sentir en su más pura expresión. Es poder nombrar esto que acontece en una parte normalmente amordazada, y la poesía me permitió desplegarlo, y descubrir que hay otra voz, que es la voz, más pura porque no pretende nada, más que nombrar eso que está ahí, y es inasible, la poesía no son más que intentos, acercamientos, siempre vanos, siempre imprecisos, de eso que fluye en el interior cuando abres los ojos; no de la razón, no de lo funcional, los ojos de la mera existencia, creo. 

6.- Como una profesional en investigación educativa, ¿crees que la literatura puede jugar un papel en los procesos identitarios de la juventud?

R.- Totalmente. Y qué vamos a entender por identidad. Hay una perspectiva de las que más me gustan que es esta respuesta a ¿quién soy?, y bueno desde cierta perspectiva de la noción de identidad: somos lo que contamos de nosotros mismos y entonces si no podemos narrarnos, si no podemos decir lo que hemos vivido siempre atravesado por lo que quisiéramos vivir, o no quisiéramos vivir, si no podemos hacer eso: no podemos presentarnos frente al otro y mucho menos podemos reconocer al otro. Si no hay ese reconocimiento de sí, simultáneo casi del reconocimiento del otro, no hay identidad posible.    

7.- Por tu interés profesional has realizado varias historias de vida. ¿Te parece que hay vasos comunicantes hacia la creación artística como un modo de resistencia ante experiencias de exclusión o marginación?

R.- Pues claro que sí. De hecho se plantea hoy, y lo hacen las universidades en Colombia, en las zonas donde hubo muchas matanzas, en zonas de conflicto con el narcotráfico, lo hacen organizaciones civiles que tratan de reparar comunidades devastadas por la violencia, lo hago con mis alumnos, lo he hecho conmigo misma, la posibilidad de narrar situaciones traumáticas permite restaurar capacidades de afrontamiento y a veces hasta abrir posibilidades de volver a creer en la vida, de volver a creer en los seres humanos.

7.- ¿Qué piensas en relación a un compromiso histórico de quienes escriben poesía y literatura en general?

R.- Trato de leer tu pregunta desde el compromiso histórico con las víctimas de la historia. Estoy pensando en Walter Benjamín que en sus tesis de Historia nos dice que la historia hay que leerla a contrapelo para poder sacar a flote la palabra de las víctimas. Las víctimas no reclaman venganza -dice Paul Ricoeur- reclaman memoria: entonces la historia debe ser construida, leída y enseñada también con una dimensión ético-política. Y en ese sentido la literatura siempre es un documento; aunque el autor de ficción no se lo haya propuesto.

8.- ¿Te parece que las nuevas tecnologías están cambiando la manera de leer y de escribir literatura?

R.- Claro que sí, están cambiando los procesos de subjetivación, están cambiando los modos de humanización. Siempre lo han cambiado. Pero como las nuevas tecnologías cambian tan, tan rápido es una presión y una carrera que claro que altera las formas de relación con uno mismo, con los otros y hasta con la naturaleza.

9.- ¿Qué te ha dado La Pluma del Ganso?

R.- Me ha dado el darme permiso, por eso me atrevo a decir que soy autora: porque me autoriza, no quiere decir con esto que lo que escriba de primera intención ya está bien: por años escribí así, de primera intención; pero con La Pluma del Ganso uno recibe este efecto de espejo, y una cosa es lo que una escribe en el momento en que estás nombrando lo que sientes y otra cosa es la escritura que viene de vuelta de la mirada del otro.

Dantón Chelén

Dantón Chelén

Director y Fundador de la revista La Pluma del Ganso

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Número 110

Agosto 2020