pandemonium

LETRAS, RETAZOS Y RETOZOS
Jorge Herrera Velasco
Contacto: jorgerre@yahoo.com

PANDEMIA Y PANDEMÓNIUM

Según la Real Academia Española, “pandemia” es una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países; y “pandemónium” es una palabra inventada por John Milton en su libro El paraíso perdido, para designar la capital imaginaria del reino infernal; ambos términos conllevan una carga de malignidad.

Nos está tocando padecer los estragos causados por la pandemia del Covid-19: a nivel mundial, a la fecha, las víctimas mortales registradas rebasan los dos millones mientras que los contagiados, que han sido afectados temporal o permanentemente en su salud, superan los ciento diez millones.

Quien haya tenido la fortuna de librarse de lo anterior, no se ha escapado de haber sido afectado indirectamente, sea por sufrir la pérdida de alguien cercano, por ver reducidos sus medios de subsistencia o ya no contar con ellos; también se ha padecido por las restricciones en la libertad de tránsito, teniendo que abstenerse de realizar muchas actividades del diario vivir o llevarlas a cabo bajo grave riesgo. Nos pesa también ver limitadas nuestras expresiones de afecto mediante el contacto físico que como seres sociables necesitamos. Además resulta difícil sobrellevar la incertidumbre de nuestro fururo.

Dejando a un lado la pandemia paso al pandemónium que vive la mayor parte de la humanidad. Sin aludir al poema de Milton, me limito al concepto de “reino infernal” para ser aplicado a la situación que vivimos en nuestro planeta, incluso antes que surgiera el Covid-19. A un “reino infernal” en nuestro mundo se le pueden designar características muy terrenas como el hambre, la miseria, la insalubridad, la corrupción, sea de los gobernantes o de particulares, la impunidad de los criminales, la violencia, la degradación del planeta, el trastocamiento moral, el abismo socioeconómico entre personas y entre naciones, el consumismo exacerbado, el individualismo, la ignorancia, las discriminaciones, el hedonismo a ultranza, y otras más.

El principio ético primordial es salvaguardar la vida; y vivirla en las mejores condiciones posibles es tarea individual pero también de las autoridades que una comunidad, sea un clan o una nación, se haya autoimpuesto. Es evidente que al haber existido, seguir existiendo y no vislumbrar que dejen de existir las lacras “infernales” que no nos permiten mejorar nuestra condición de vida, nos vemos obligados a buscar su origen u orígenes para posibilitar extirparlas de raíz.

Prácticamente en todo el mundo rige un sistema de gobierno que induce, permite y hasta justifica la corrupción, ya sea ilegal o “legal”. En la primera, los actos de corrupción que infringen las leyes deben ser sancionados por el Estado; lamentablemente hay países en que la corrupción y toda la gama de actos criminales que constituyen delitos, quedan impunes casi en su totalidad.

La corrupción “legal” obedece a una estrategia maquiavélica orquestada por los poderes fácticos que, sin desempeñar “supuestamente” una función política, ejercen una influencia muchas veces determinante y que, en contubernio con protagonistas políticos, logran que sean las instituciones estatales quienes establezcan estructuras y regulaciones legislativas y jurídicas que les permitan abusar, expoliar, despojar y engañar a los
gobernados. Los medios de comunicación y la banca tienen en esto un desempeño sobresaliente; los consorcios comerciales y las iglesias no quedan a la zaga.

En la mayor parte del planeta hemos padecido y seguimos padeciendo de un sistema político neoliberal, caracterizado por mantener vivas las lacras mencionadas, e incluso depender de ello para su sobreviviencia. Ahora, con el Covid-19, las oligarquías han visto amenazadas sus expectativas de seguirse enriqueciendo ad infinitum, e intentan que sus economías vuelvan a la “normalidad”, a costa, desde luego, de continuar actuando neoliberalmente. Desean que, superada la pandemia o, a pesar de ella, continúe su bonanza imponiendo para los demás el perverso régimen que han coadyuvado a construir: un pandemónium.

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