pandemia

José Lerrante
Escritor, poeta, científico
(Suscriptor miembro 343)

Pandemia
En medio de la terrible esclavitud del encierro, se comprimen los momentos con un trabajo sordo frente a la máquina. Un trabajo que no para. Mas pienso en los días en que tendré que salir, mientras la pandemia se sacia de cadáveres. Sigo trabajando.

Saldré, pues la fecha de la muerte que me espera será larga y soleada tendida sobre un atardecer brillante. Si ha de ser así, que haya vino tinto, pulpos, callos, todo aquello que gocé antes de que el terror derrumbara los aparejos de la máquina marchita y mi voz se calle para siempre.

Un óxido interior corroe mis entrañas desde que llegó este maldito virus, el cielo azul me hace amar la vida tanto, me asombra que antes la diera por sentada.

¡Qué extraño atardecer de los recuerdos! Vivíamos ansiando una utopía sin saber que ya la teníamos. Utopía es vivir sin epidemias, sin esas loterías de la muerte, sin esos miedos, que acecharon a nuestros antepasados por siglos, y que ahora han regresado.

Para los que tengan la suerte de sobrevivir, el miedo tocará sus puertas cada día, pues con todo y máscara y distancia convenidas, cualquier descuido, un viaje en el metro, una reunión familiar, una conferencia, puede ser la sentencia que se ha firmado, por adelantado.

Qué extraño lugar se habitará. Saludándose de lejos, huyendo unos de otros, enmascarados, procurando que la mesa que nos toque esté alejada y cercana a un balcón o una ventana. Hasta que un día se quiera pasar y la temperatura no será la indicada.

Hágase la prueba y enciérrese otra vez. Si corre con suerte anciano, sobrevivirá y tendrá inmunidad por unos meses. Pero mejor vaya arreglando sus papeles y deje todo en orden, aléjese de los suyos, que le lleven la comida hasta su cuarto. Mejor ya despídase, no vaya a ser la de malas. Ir al hospital es no volverlos a ver.

De por sí, las lúgubres reuniones así llamadas virtuales, parecen reuniones de fantasmas, que se ven desde otros mundos, simulando qué viven en el mismo. Así de pronto, las pantallas serán nuestro contacto con una realidad que ya no existe, y ver una película será como salir a caminar por el parque de una ciudad que no es la nuestra.

Pero sin importar todos los cuidados, el día de cada quien se acerca sigiloso, hagamos lo que hagamos.

Últimos Post

Monica con Danton

Astilla de tiempo

Por Mónica Suárez Frente al espejo, te ves como un péndulo, balanceándote de un lado a otro, convulsionadas las manos y las piernas sin poder

Leer Más »