pretty man

Marcela Acle
Suscriptora miembro

Pretty Man

Acaricias tu cuerpo desnudo con esa crema afrodisiaca recomendada para después de un baño relajante y lo rocías con el perfume francés. Aspiras el aroma y se te enchina la piel al asociarlo con futuras recompensas. Disfrutas poniéndote la exclusiva ropa interior de encaje negro y el vestido rojo de algodón que has dispuesto sobre la cama. Se trata de nuestro aniversario, cumplimos un año de habernos conocido, la ocasión lo amerita, te dijiste al consumir tus ahorros de un año completo en esas compras. Maquillas el rostro con cuidado, destacas el brillo de los ojos pero sobre todo el de los labios. Deben dar la apariencia de encontrarse listos para ser devorados. Cubres tus piernas con unas medias negras, transparentes, y te subes a unos zapatos de tacón altísimo que sólo aquí, en tu depto, puedes utilizar sin riesgo de alguna fractura, tal es la dificultad de caminar con ellos, pero te resultan demasiado sexis y, por tanto, imprescindibles en tu guardarropa.
Observas tu rostro en el espejo. Luces casi como artista de cine, por qué ocultar la verdad tras una falsa modestia. El gimnasio, la dieta, el dentista, los masajes y las cremas han hecho lo suyo. Nadie adivina tus cuarenta años; todos apuestan a los treinta o treinta y cinco, a lo más. Te guiñas el ojo a ti misma y te diriges a la sala. Aún no es la hora, pero se acerca, lo sabes sin necesidad de consultar el reloj. Descorchas una botella de vino tinto igual de francés que tu perfume, te sirves una copa y te sientas en el sofá, justo enfrente del enorme cartel con la fotografía de Richard Gere. En él se aprecia la imagen del actor en blanco y negro, sonriendo y ofreciéndote una rosa roja, el único color que sobresale. Desde el momento en que esa foto llegó a tu correo electrónico, supiste que la flor venía con dedicatoria especial para ti. Qué de vueltas diste para ampliarla con una calidad a la altura del hombre. Lo miras con deleite. En la mesita junto al sillón, conviven con el radio y el teléfono, las mejores fotografías de Richard Gere seleccionadas minuciosamente por ti, todas ellas con exclusivos marcos de plata. Nunca te ha molestado limpiarlos y pulirlos cada semana; es un pretexto magnífico para sentirlo cerca. Por ti, mi adorado, le dices brindando con su imagen multiplicada por doquier. Enciendes el radio. La hora de Nostalgia sin ti con Luis del Villar está por comenzar. La voz grave y varonil del conductor se funde con el rostro y la figura de Richard. Ahora lo ves, ahora lo escuchas. Richard-Luis te hace compañía.

¿Quién llama? ¿Qué silencio poblado de ecos? Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad, ¡hora mía entre todas! Bocina en que el viento pasa cantando. Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo…
¿Qué te pareció este bonito poema de Pablo Neruda? Bellísimo, ¿verdad? Pues como todos los viernes, estamos en este tu programa: Nostalgia de ti. Yo soy Luis del Villar, y te saludo con el cariño de siempre. El día de hoy continuaremos hablando de ese tema que ha interesado a la humanidad desde los tiempos de Adán y Eva. Sí, adivinaste: ¡el amor! Te recuerdo que nuestro número telefónico es 5555552175 o lada sin costo 80055552175… Por favor, comunícate conmigo. Ya sabes que nuestras líneas están abiertas para conocer tus penas, tus alegrías, tus deseos. Recuerda que también me puedes escribir a luisdelvillar@hotmail.com. Dime quién eres, deseo saber más de ti… No olvides que este programa lo hacemos entre tú y yo…

El programa ha terminado. Apagas el radio. Suspiras. Seleccionas una de las fotografías de Richard-Luis y te la llevas a tu recámara. Te sientes un poco borrachita y atrevida. Avientas los zapatos al aire y con placer vas liberando tu cuerpo de la ropa que lo cubre. Dormirás desnuda como todos los viernes. El roce de las sábanas de seda te eriza la piel. Abrazas en tu pecho a Richard-Luis y adivinas sus labios, su lengua; sus manos hurgando en tu cuerpo se unen a la tuya allá abajo, en el pubis; su voz en tus oídos te excita. La foto se estremece, tú cuerpo se estremece, te pierdes en un breve, brevísimo, abismo de placer. Antes de dormir, decides que le escribirás un correo cariñoso como lo vienes haciendo cada sábado, después de la intimidad de su encuentro.

¿Cuántas veces algún amigo o amiga te ha dicho: Me acabo de enamorar, sentí mariposas en el estómago y casi muero de un infarto cuando la vi? Ese es el amor a primera vista. Pero, ¿cómo se da ese flechazo que sentimos al conocer a alguien irresistiblemente atractivo para nuestro gusto? ¿Crees que este amor a primera vista puede perdurar? Yo sostengo que sí porque estoy convencido de que, cuando sucede, es porque hemos encontrado a nuestra otra mitad… Como decía el gran filósofo griego: el amor es la nostalgia del ser total que éramos… Piensa en eso, y en la fortuna de encontrar a tu otra mitad…
Definitivamente así es Richard Luis, piensas igual que yo, le dices con ternura y le das el último trago a tu copa. El programa ha terminado. Te levantas perezosa después de seleccionar la imagen que te acompañará esa noche. Suena el teléfono.
¿Bueno?
¿La señorita Lucila Rubalcaba?
Sí, ¿de parte de quién?
Hola, Lucila, soy Luis del Villar. Me gustaría conocerte. Lo que me escribes en tus correos electrónicos me fascina. He tardado en comunicarme contigo porque, como sabes, hasta hoy me había vanagloriado de mi anonimato físico. Nadie sabe cómo soy, pero a todos nos llega nuestro Waterloo.
¿Waterloo?
Quiero decir: nuestra hora. Me pareces una mujer irresistible. Deseo, necesito, me urge conocerte.
Sonríes con placer. No te parece extraña la llamada. Desde que oíste en sus labios la frase del filósofo griego supiste que, al igual que la rosa roja, esa voz y esas reflexiones te las estaba dirigiendo Luis al oído, a ti, sólo a ti. Aceptas con gusto su invitación. El sábado a las 8 en punto en el Fouchon de Polanco. Sí.

El desconsuelo te impide pensar con claridad. No sabes cómo reordenar tu vida, cómo sacar a ese Luis de tu corazón y dejar sólo a Richard. Descubrir a un chaparro, prieto, miope y de nariz chata en el Fouchon de Polanco, ostentándose como Luis del Villar, fue un golpe inmerecido. Tú tan guapa, con tu vestido negro bien entallado, el maquillaje impecable y una sonrisa seductora, tal y como decía el artículo del Cosmopolitan, te topaste con un pelafustán de quinta esperándote en una mesa con una botella de champagne enfriándose. Al comprobar que no se trataba de un error, tu reacción fue lógica. No necesitas disculparte ni sentir el menor asomo de arrepentimiento. Qué más se podía esperar, sino salir corriendo, huyendo de ese mequetrefe que te había estado engañando, porque sí, te engatusó con sus palabras melosas, con su voz, con esa voz que ahora, ay, extrañas cada viernes.
Esperabas que la sonrisa de Richard entregándote la rosa roja te ayudaría a olvidar esa nariz ancha y esos lentes de fondo de botella para quedarte sólo con la voz. Y sí, casi lo logras aunque te costó trabajo evadir el mal recuerdo que, con insistencia, traicionaba tu voluntad de olvido. Poco a poco, tus viernes se empezaron a suceder como antaño. ¿Fueron cinco, seis?, no lo recuerdas porque, de manera inesperada, Luis del Villar anunció que Nostalgia de ti dejaría de transmitirse. Dios, ¿cómo pudo haberte hecho eso el muy canalla?
Y ahora, no sabes qué hacer sin su voz. Richard bajo la sábana de seda sin Luis al oído no te conduce al éxtasis. La rosa roja es insuficiente.

Te encuentras en San Luis Potosí resuelta a poner orden en tu vida. Has colocado el cartel de Richard y las fotografías en tu nuevo departamento, justo con la misma disposición a la que estás acostumbrada. Desde que te enteraste en Tv Notas de que Luis del Villar se había mudado a esa ciudad donde continuaría con su programa Nostalgia de ti, supiste que deberías ir tras él. Hace seis meses conociste a un impostor en el Fouchon. Has analizado los hechos y hoy tienes la certeza de que alguien te quiso secuestrar haciéndose pasar por Luis del Villar aprovechándose de su anonimato físico. Tal vez un narcotraficante o alguien dedicado a la trata. Eres tan hermosa que, seguro, apostaron a que podían sacar provecho de ti. Por fortuna, reaccionaste rápido y pudiste defender tu integridad. Lo malo es que la vida sin Luis se hizo imposible para ti. Desde que abandonó su programa ya no sabías qué hacer los viernes bajo las sábanas. Durante un año experimentaste sin resultado con Richard-Mario, conductor de Amores prohibidos; después con Richard-Joseph de radio 620, pero tampoco. Extrañabas a Richard-Luis, tu binomio perfecto, la otra mitad de tu ser total. Cuando leíste la noticia en TV Notas recobraste el ánimo, las ganas de vivir. Decidiste buscarlo, reencontrarte con él, con su voz, sólo con esa voz…
Ahora estás tranquila después de haber disfrutado del baño en una tina repleta de burbujas. Acaricias tu cuerpo desnudo con la crema afrodisiaca y lo rocías con el perfume francés que has guardado para esta ocasión. Aspiras el aroma. Hoy, tú y él convergerán de nuevo como recién lo reveló tu carta astral. Enciendes el radio. Estás nerviosa pero, al escucharlo, sientes hormigas en el pubis. Le guiñas el ojo al Richard-Luis de la pared y brindas con él.

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